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domingo, 26 de octubre de 2008

GR-14, Senda del Duero: Villardiegua de la Ribera Badilla; 26 de octubre de 2008



En Villardiegua, punto de partida de esta nueva etapa, a parte de la "Mula" podemos encontrar repartidos por todo el pueblo estelas funerarias romanas formando partre de los muros de las casas y altares votivos.


Desde Vilardiegua la ruta se dirige al Castro de San Mamed, llama la atención pa Peña Redonda, desde donde se tiene se tiene una magnifica vista del Duero encajonado. En sus alrededores se encontraron piedras talladas en forma de piletas y con petroglifos serpentiformes. Que delatan su uso como antuario prerromano; a los pies de la peña se encuentran los restos de la Ermita de San Mamed. En las cercanías se encuentra el Paso de las Estacas, lugar de paso de contrabando a pesar de lo abrupto de la orografía.

A partir de aquí el camino descurre por terrerno pedregoso, sin apenas arboleda, al llegar al Término de Torregamones podemos seguir por el camino de las Chiviteras, que toma el nombre de las construcciones donde los pastores resguardaban los cabritos lechales del ataque de los zorros y las rapaces. Nosotros continuamos por las marcas del GR 14 que transita por el camino de Valcuevo, encerrado por cortinos que delimitan las propiedades y en él cerca de Torregamones vemos a lo lejos una vecina de pueblo guiando una pareja de burros uncidos y arrastrndo un arado, imajen que por un momento nos lleva a recordar lo duro que era la subsistencia en esta tierra.


Desde Torregamones enseguida llegamos a Gamones, aquí podemos observar tallados en la roca los potros donde se daba forma a las varas de los arados.

Ya solo nos queda recorrer el camino que nos separa de Badilla siguiendo el Arroyo Mimbrero. El curso del Arroyo depende de la lluvia ya que es de aguas intermintentes, en sus riberas veremos varios molinos que se conservan en pie.


En Badilla amablemente nos abren el bar antes de la hora y alli realizamos el empapuce con el que reponemos fuerzas y damos por finalizada la etapa de hoy.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Calzada Mirandesa

No solo de novedades vive este blog, aprovechando el verano vamos a publicar alguna de las rutas que hemos realizado a lo largo de la corta, pero intensa vida de esta asociación. Para comenzar nos hemos decantado por la Calzada Mirandesa, ruta que hemos recorrido en dos ocasiones los días 20 y 21 de mayo de 2006 y 16 y 17 de febrero de 2008.

En este enlace podeis ver más datos de la ruta en la página web de Semurandar


SAYAGO: Un paraíso tan cercano

Irene Gómez Galicia

La Calzada Mirandesa, antigua vía romana que unía Zamora con Miranda do Douro, se ha convertido en uno de los itinerarios de la provincia más atractivos para senderistas y amantes de la bicicleta.

Cincuenta y cinco kilómetros separan Zamora de Miranda do Douro por un itinerario que sigue el trazado de la calzada romana utilizada desde la antigüedad, cruzando el suroeste de la provincia a lo largo de la comarca sayaguesa. Es la Calzada Mirandesa, una vía de comunicación perdida durante años hasta que el montañero Evaristo Alvarez se puso a desmenuzarla tramo a tramo para rescatar, con la máxima fidelidad posible, la senda que comunicaba Ocelo Duri (Zamora) con Miranda do Douro a lo largo de Tardobispo, Pereruela, Arcillo, Abelón, Moral de Sayago y Torregamones.

Producto de aquel trabajo de campo es la primera Guía de la Calzada Mirandesa, que salió a la luz en el año 1999 en una edición de cuatro mil ejemplares, ahora agotada. Tal aceptación da idea del atractivo del camino para los amantes de la naturaleza, senderistas, ciclistas o caballistas, pues se trata de un trazado «muy apto» en cualquiera de las tres modalidades, como afirma el propio autor de la guía. La creciente demanda de información ha llevado a Evaristo Alvarez a proponer la reedición de la guía, un proyecto que ya tiene sobre la mesa el grupo de acción local Aderisa, el Proder de Sayago que promovió la primera. La guía actualizada de la Calzada Mirandesa se publicaría en español y portugués para atender también en emergente interés que al otro lado de la frontera se ha observado con respecto al camino histórico que comunica España con Portugal.
«El paisaje es sugerente y de gran atractivo para el excursionista», indica en la propia publicación Evaristo Alvarez, sin olvidar la abundancia de vestigios históricos que enriquecen la Calzada Mirandesa, desafortunadamente invadido por particulares en algún tramo. El recorrido «es una idea que combina el deporte con el conocimiento de la realidad cultural», incide el montañero. Y las muestras de tan enriquecedor camino son infinitas. Por ejemplo, los cuatro puentes de piedra por los que se pasa a lo largo de la ruta -Alcamín, Judiez, Urrietas y La Albañeza-, muestras singulares de la arquitectura civil y exponentes de la importancia social de las viejas calzadas construidas bajo el imperio romano.

Hoy, gracias a la recuperación del camino, son cada vez más los amantes la naturaleza que eligen la Calzada Mirandesa para sus escapadas. Si es en bicicleta bien se puede realizar la ruta en una jornada para llegar a buena hora a la siempre sugerente ciudad de Miranda. Y si se hace a pie es posible cubrir el trayecto en dos días pernoctando en alguna de las casas rurales abiertas a lo largo de la ruta, una oferta que se ha ido ampliando con los años. Es otro estímulo de un camino que compatibiliza la adaptación a los nuevos tiempos con la conservación de pueblos «bellos en su abandono pero alejados de la modernidad de una época de grandes adelantos», explica Evaristo Alvarez.

Zamora es el punto de partida de un trayecto salpicado de riberas, regatos, idílicas praderas, dehesas, tesos y hasta restos de calzada perfectamente señalizados. A la naturaleza se suma una profusa muestra de arquitectura popular de Sayago, con fuentes, portaladas, cruceros, cortinos, estelas funerarias o las no menos interesantes chiviteras, pequeñas construcciones de piedra en cuyo interior se protegía a los cabritos de lobos y zorros. Entre la abundancia de vestigios destacan los puentes. El de las Urrietas, en el término de Pereruela, lo describe el autor de la guía como uno de los «maravillosos tesoros»; o el de La Albañeza, sobre la dehesa del mismo nombre, con el aspecto de un puente romano y enclavado en uno de los parajes más atractivos de la ruta. Una vegetación salpicada de roble, encina o enebro; la diversidad faunística que aporta el cañón de los Arribes; y los no menos sugerentes pueblos situados en las proximidades de la Calzada -Fariza o Fermoselle, por ejemplo-, coronan el ramillete de razones para confirmar el atractivo de la Calzada Mirandesa.

Una oferta de senderismo que se ha visto fortalecida con la señalización de una ruta de Gran Recorrido (GR) entre los espacios naturales de las Riberas de Castronuño y Arribes del Duero que penetra en Portugal a través de la antigua vía romana. Por ello, a lo largo del camino se observa la doble señalización, que en algunos puntos es coincidente. En los espacios singulares existen carteles que no se han salvado de las gamberradas de algún desaprensivo haciendo blanco con la escopeta y dejando en la señal el inconfundible agujero del tiro.

Y así como a lo largo de años el desconocimiento de la vía -toda la vida utilizada por los lugareños para usos agrícolas y ganaderos- la ha preservado de la malquerencia humana, en la actualidad existen señales que lamentablemente muestran la escasa sensibilidad con el recorrido histórico. Ultimamente no es extraño que senderistas y ciclistas se tropiecen con quads y motos que encuentran en parajes de la Calzada un espacio ideal para circular con los vehículos a motor. «El camino es una maravilla, muy agradable para recorrerlo, hay que aprovechar lo que tenemos en Zamora, por eso pero debemos ser sensibles y tener respeto con la naturaleza», advierte Evaristo Alvarez tras recibir quejas de ciclistas y senderistas que frecuentan la Calzada Mirandesa.